La Biblioteca Memoria Infinita siempre había sido un lugar tranquilo, lleno de conocimiento y calma… hasta ese día.
Miles de pantallas flotaban entre los pasillos, mostrando titulares que cambiaban sin descanso, brillando como si quisieran competir entre sí por ser leídos.
– “¡Wow!”, exclamó Chispi, con los ojos encendidos de curiosidad. “¡Es como un océano de información!”, dijo asombrado.
-“O un torbellino”, susurró Nubeli, observando cómo las letras se movían solas en el aire.
-“Recuerden”, dijo Velmira, sonriendo con dulzura, aquí no todo lo que brilla es importante.
Pero Chispi ya había tocado una pantalla. Y luego otra. Y otra…
Los titulares aparecían uno tras otro:
“El secreto para ser más listo”
“¡Descubre la verdad oculta de Luzenia!”
“Lo que nadie quiere que sepas”
-“Mira esto, Nubeli, ¡todo parece interesante”!, dijo Chispi, saltando de pantalla en pantalla.
-“Pero… ¿Cuál es la buena?”, preguntó Nubeli muy confundida. “Todas dicen cosas diferentes”.
Velmira frunció el ceño.
-“Esa es la trampa de la sobrecarga informativa”, explicó Velmira. “Si intentas entenderlo todo a la vez… no entiendes nada”…
La luz de las pantallas parpadeó. En los reflejos, apareció una silueta oscura y
una voz suave y seductora se filtró entre los ecos digitales:
-“Busquen más… más… nunca es suficiente…”, susurro con misterio la silueta desde las pantallas.
Las pantallas se multiplicaron sin control, proyectando titulares brillantes y contradictorios:
“¡La verdad definitiva!”
“¡El secreto que nadie te cuenta!”
“¡No puedes ignorarlo!”
Chispi trataba de leerlos todos a la vez, moviendo los ojos a toda velocidad.
-“¡Esto es increíble!”, decía Chispi fascinado. ”¡Si leo rápido, puedo entenderlo todo!”, grito eufóricamente.
-“No puedes procesar tanto”, dijo Nubeli, cubriéndose los ojos. “Me duele la cabeza…”, dijo con una voz a punto de llorar.
Velmira entonces dio un paso al frente.
-“Calma, hijos. No todo merece nuestra atencinó”, dijo con mucha serenidad.
-“¿Y cómo lo sabes?”, preguntó Chispi sorprendido. “¡Podría haber algo importante!” exclamó Chispi.
-“La verdad no grita, respondió Velmira con voz firme y seria. “La verdad se queda en silencio… esperando ser escuchada”, dijo entonces con su voz suave habitual.
Las sombras de Sombrax se deslizaron entre los monitores.
-“¿Silencio?”, rió Sombrax con ironía. “El silencio es vacío y la información es poder”, dijo con una gran carcajada.
-“No cuando confunde”, replicó enfadada Velmira. “Entonces solo es ruido” dijo con un tono muy serio.
Nubeli con los ojos a punto de que se le cayera la primera lágrima, se tapó los oídos.
-“¡No puedo más!”, exclamó con una voz temblorosa, “¡Todo se mezcla!” dijo entonces con un tono más enfadado.
-“Vamos a buscar a papá”, exclamó Chispi, tomando a Nubeli de la mano.
En otro pasillo, Eduvaldo arreglaba un panel holográfico con gesto serio de no entender por qué no funcionaba.
-“Sabía que esto podía pasar”, dijo Eduvaldo al ver llegar a Chispi y Nubeli. “Sombrax está usando la información como un espejo: cuanto más miras, menos ves”, dijo desde su conocimiento Eduvaldo.
-“¿Y cómo se combate eso?”, preguntó Nubeli intrigada.
-“Filtrando”, respondió Eduvaldo con un tono serio. “Separando lo que sirve de lo que solo brilla” dijo con toda su sabiduría.
Velmira entonces colocó su mano sobre el hombro de Chispi.
-“Mira, hijo. No se trata de apagar las pantallas… sino de aprender a mirar distinto”, dijo Velmira con su voz dulce…
Eduvaldo activó su cinturón verde y entonces una luz recorrió las estanterías, ordenando las pantallas en diferentes capas: rojo para lo urgente, azul para lo confiable y gris para lo irrelevante.
Mientras tanto Nubeli proyectó un destello color lavanda desde sus manos y entonces los titulares falsos comenzaron a desvanecerse como humo.
-“Mira, mamá”, dijo Nubeli con una sonrisa de oreja a oreja, “ahora sí puedo ver lo que importa”, dijo muy entusiasmada.
-“Eso es”, respondió Velmira mientras se le iluminaban los ojos al ver la reflexión de su hija. “La información vale solo cuando te deja pensar por ti misma”, añadió Velmira felicmente.
-“Está diseñado para que los niños gasten sin darse cuenta, y Sombrax lo sabe”, dijo enfadado Eduvaldo.
En un rincón tranquilo del centro, Velmira, Mimiela y Eduvaldo ayudaron a Chispi a entender lo ocurrido.
El brillo del cinturón de Eduvaldo y el resplandor de Nubeli llenaron la Biblioteca de humo, de colores y de reflejos.
Las pantallas se estabilizaron y la figura de Sombrax se disolvió entre los reflejos, dejando un último susurro…
-“Volveré… cuando el ruido sea más fuerte que la razón”, dijo Sombrax con una voz inquietante y misteriosa.
Entonces Chispi exhaló aliviado.
-“Ahora entiendo, mamá. No todo lo que brilla enseña”, comentó Chispi un poco cabizbajo.
-“Exacto”, respondió Eduvaldo dándole la razón a su hijo. “A veces, la sabiduría está en elegir a qué prestar atención y en qué no”, dijo con un tono suave Eduvaldo.
En una pantalla, apareció un nuevo fragmento del Patrón Hexagonal.
Nubeli lo miró maravillada.
-“¿Qué será eso?”, se preguntó Nubli.
-“Una pista”, dijo Velmira con una sonrisa. “Pero no para hoy”, guiñando el ojo a su hija Nubeli.
De vuelta a Casa, la familia paró al lado del parque a comprarse unos helados, mientras un pequeño resplandor de las pantallas les quedaba detrás.
-“¿Sabes, mamá?”, dijo Chispi. “Creo que no necesito leerlo todo”, afirmó con mucho orgullo.
-“Eso es un gran paso”, respondió Velmira, acariciándole el cabello.
La ventana de la Biblioteca Infinita reflejó un brillo tenue con forma de hexágono.
Luzenia dormía tranquila… al menos por ahora.
Preguntas para niños:
¿Cómo eliges qué información es importante cuando ves muchas cosas en una pantalla?
¿Qué haces cuando algo que lees o ves te confunde?
Preguntas para padres:
¿Hablan en casa sobre cómo reconocer qué información es verdadera y cuál solo busca llamar la atención?
¿Cómo ayudas a tus hijos a desconectar cuando sienten que todo en Internet parece importante?
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