El Álbum Abierto

La Casa Fuente de Luz estaba llena de cajas abiertas, cintas doradas y adornos de Navidad repartidos por el suelo.

 

-”¡Este adorno va aquí!”, dijo Chispi, subido en una silla mientras intentaba colocar una bola brillante en el árbol.

 

-”Un poco más abajo”, respondió Velmira. “Si no, luego nadie lo ve”.

 

Nubeli sostenía una estrella de cartón entre las manos que había hecho en clase aquel día.

 

-”Queda mejor cuando está cerca de otras luces”, comentó Nubeli, observando el árbol con atención. “Así no está sola”.

 

-”La Navidad se construye poco a poco”, dijo Mimiela desde el sofá. “Como los recuerdos”, reafirmó ella.

 

Eduvaldo encendió una lámpara cálida que iluminó todo el salón.

 

-”¿Qué os parece si este año hacemos un álbum familiar? Fotos, vídeos… solo para la familia”, propuso Eduvaldo.

 

-”¡Sí! ¡Yo me encargo de grabarlo todo!”, respondió rápido Chispi, levantando la tablet.

 

La idea parecía perfecta.

Chispi empezó a grabar mientras caminaba alrededor del árbol.

 

-”¡Sonríe, Nubeli!, ¡Es para el álbum de Navidad!”, dijo Chispi supereufórico.

 

Nubeli sonrió, aunque miró la pantalla con curiosidad.

 

-”Se ve muy claro…”, dijo Nubeli.

 

En la tablet aparecieron varias opciones.

 

-”Aquí pone “guardar”, aquí “compartir con familia”… y aquí “compartir público”, leyó Chispi en voz alta. “Así lo pueden ver todos”, reafirmó él.

 

-”¿Todos quiénes?”, preguntó Velmira con calma.

 

Chispi dudó un segundo… y tocó la opción “compartir público”

 

La imagen se duplicó en la pantalla y luego volvió a aparecer en otros espacios de la misma tablet.

 

Entonces Nubeli frunció el ceño.

 

-”Esa imagen ya no está solo aquí y no está solo para nuestra familia”, dijo Nubeli un poco enfadada.

 

Entonces de repente un reflejo oscuro cruzó la pantalla y apareció Sombrax en la pantalla sin decir nada.

Al principio, nadie de ellos reaccionó, pero Nubeli empezó a sentirse incómoda.

 

-”Mamá…”,dijo en voz baja. “No me gusta que esa foto esté fuera del círculo familiar”.

 

-”¿Por qué?”, preguntó Velmira, sentándose a su lado.

 

-”Porque ya no sé quién la puede ver… ni para qué la pueden usar mamá”, dijo Nubeli con una voz temblorosa como si quisiera llorar.

 

Eduvaldo revisó el álbum digital y se quedó serio.

 

-”Chispi, esta imagen es pública”, dijo Eduvaldo.

 

-”Pero es nuestra”, respondió Chispi. “Solo es una foto”.

 

-”Cuando algo es público, cualquiera puede acceder a ello. No sabes quién la guarda, quién la comparte ni para qué la puede usar”, explicó Eduvaldo.

 

De repente, la imagen volvió a aparecer en la pantalla, ligeramente distinta.

-”Es como dejar una puerta abierta”, añadió Mimiela. “No sabes quién puede entrar”.

 

La sombra en la pantalla se tensó un instante. Sombrax no había ganado… pero tampoco se había ido de allí.

La familia se sentó alrededor de la mesa.

 

-”No lo hiciste a propósito”, dijo Velmira, poniendo la mano sobre el hombro de Chispi. “Esto también es aprender”, explicó ella.

 

-”Yo pensaba que compartir era algo bueno”, respondió Chispi.

 

-”Lo es”, contestó Eduvaldo, “ pero cuando sabes con quién compartes” reafirmó él.

 

Mimiela se levantó y sacó una caja de cartón del armario, con lápices de colores, rotuladores, pegamento y fotos que tenía ella impresas.

 

-”Antes de todo esto, los recuerdos se guardaban aquí”, dijo Mimiela.

 

-”¿Un álbum de papel?”, preguntó Chispi.

 

-”Uno que no se puede reenviar”, respondió Mimiela con una sonrisa. “Y que solo existe en casa”, reafirmó ella.

 

Mientras tanto Eduvaldo cerró el acceso público y dejó activo solo el círculo familiar de la familia.

 

Esto provocó que la sombra en la pantalla se desvaneciera lentamente.

La mesa se llenó de dibujos, fotos y frases escritas a mano.

 

-”Mi letra es horrible”, rió Chispi.

 

-”Eso también es parte del recuerdo”, dijo Nubeli, pegando una estrella dibujada.

 

Velmira añadió una foto.
Eduvaldo escribió la fecha.
Mimiela cerró la página con cuidado.

 

-”Este recuerdo está donde quiero que esté”, dijo Nubeli.

 

Y, de repente, la casa volvió a sentirse tranquila.

 

En el reflejo de la ventana apareció brevemente un fragmento del Patrón Hexagonal… y desapareció.

 

-”No todo tiene que ser público”, dijo Eduvaldo.

 

-”Algunos recuerdos son más valiosos cuando se quedan en casa”, añadió Mimiela.

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