La Tormenta de Tareas

En la Escuela Horizonte Digital, la clase estaba en silencio… o eso parecía.

 

Era uno de esos ratos en los que cada alumno podía avanzar en diferentes tareas. Algunos hacían deberes atrasados, otros corregían trabajos, otros buscaban información para proyectos.

 

No todos hacían lo mismo, pero todos tenían algo que terminar.

 

Eduvaldo estaba de pie junto a la pizarra digital.

 

—Tenéis treinta minutos —dijo con voz tranquila—. Podéis organizaros como queráis, pero pensad bien por dónde empezáis.

 

Chispi encendió su dispositivo enseguida.

 

—Vale —dijo para sí—. Primero mates… luego ciencias… luego respondo este mensaje… y este vídeo dura poco…

 

Sus dedos se movían rápido.

 

—Chispi —dijo Nubeli desde su mesa—. Ya has abierto muchas cosas.

 

—Así voy más rápido —respondió él sin mirarla—. Mientras carga una, hago otra.

 

Eduvaldo caminó entre las mesas observando.

 

—¿Todo bien por aquí? —preguntó.

 

—Sí… creo —respondió un alumno sin levantar la vista.

 

Chispi frunció el ceño.

 

—Es raro… no termino ninguna.

 

Eduvaldo se detuvo a su lado.

 

—¿Qué estás haciendo ahora mismo, Chispi?

 

Chispi miró la pantalla. Cambió de pestaña, volvió atrás, abrió otra.

 

—Eh…

 

Parpadeó.

 

—No lo sé.

En ese momento, el dispositivo de Chispi vibró.

BZZZ.

—¿Eso lo has tocado tú? —preguntó Eduvaldo.

—No.

Apareció una notificación.

Luego otra.

Luego otra más.

—A mí también me pasa —dijo alguien desde el fondo.

—Y a mí —añadió otra voz.

Nubeli levantó la vista despacio.

—Todo está pidiendo atención —dijo Nubeli—. A la vez.

Los sonidos eran suaves, pero constantes.

Vibraciones cortas, avisos breves y pequeñas luces que se encendían y apagaban sin parar.

Chispi se llevó las manos a la cabeza.

—Quiero acabar algo… pero cada vez que empiezo, aparece otra cosa.

Entonces Chispi oyó algo…

No fue un pensamiento suyo.

Fue un susurro, muy bajo, como si viniera de detrás de la pantalla.

—Si paras… te quedarás atrás —dijo una voz tenebrosa.

Chispi se quedó inmóvil.

—¿Habéis oído eso? —preguntó en voz baja Chispi.

Nubeli negó lentamente.

—No… pero te he visto tensarte mucho.

El susurro volvió, y se pudo escuchar aún más cerca.

 

—Los demás seguirán avanzando, pero tu no.

 

Chispi apretó los puños.

 

—No me gusta esa voz —dijo—. No suena como yo.

 

Eduvaldo levantó la vista de inmediato.

 

—Porque no lo es —respondió con firmeza—. Cuando una voz te mete prisa, miedo o comparación… hay que detenerse.

 

Las notificaciones cambiaban de orden solas. Siempre había una que parecía más urgente que la otra.

 

—Papá —susurró Nubeli.

 

Eduvaldo asintió despacio.

 

—Eso no es aprender, es saturarse.

 

La clase empezó a ponerse inquieta.

Algunos alumnos cambiaban de tarea cada pocos segundos. Otros miraban la pantalla sin avanzar.

 

—Me duele la cabeza —dijo Chispi—. Todo parece importante. Todo parece de ahora o nunca.

 

El susurro intentó volver, pero ya no sonó tan claro.

Eduvaldo dio una palmada suave en medio de la clase.

 

—Parad un momento —dijo—. Dejad los dispositivos sobre la mesa.

 

Costó unos segundos, pero todos le hicieron caso.

 

—Miradme —continuó—. ¿Cuántos estáis haciendo más de una cosa a la vez?

 

Varias manos se levantaron.

 

—Eso tiene un nombre —dijo Eduvaldo—. Se llama multitarea, parece eficiente, pero en realidad cansa más y hace que aprendamos menos.

 

Escribió en la pizarra digital una sola frase:

 

UNA TAREA A LA VEZ

 

—Cuando intentamos hacerlo todo —explicó—, nuestra atención se parte en trozos pequeños.

 

—Pero… —dijo Chispi— si cierro algo, siento que pierdo tiempo.

 

—Elegir no es perder —respondió Eduvaldo—. Es decidir.

 

Nubeli levantó la mano.

 

—Cuando dibujo —dijo— solo pienso en el dibujo y visualizo como quiero que quede. Y así avanzo más.

 

Eduvaldo sonrió.

 

—Eso es concentración.

Chispi respiró hondo.

 

—Entonces… ¿cierro todo menos una cosa?

 

—Sí —dijo Eduvaldo—. Empieza por una. Termínala. y luego sigues con la siguiente que tu elijas.

 

Chispi cerró una notificación.

Luego otra.

Luego otra más.

 

Y así el ruido de la clase disminuyó.

 

Chispi dejó abierta solo una tarea.

 

—Vale… empiezo por esta.

 

Pensó, escribió y revisó con calma.

 

—La he terminado —dijo sorprendido—. Y no apareció nada más.

 

Sonrió, aliviado.

 

—Es… más fácil así.

 

Durante un segundo, en la pizarra digital apareció un fragmento del Patrón Hexagonal y desapareció enseguida.

 

Eduvaldo frunció el ceño.

 

—No es solo distracción —dijo en voz baja—. Es parte de algo mayor.

 

Nubeli lo miró.

 

—¿Sombrax?

 

Eduvaldo asintió.

 

—Cada vez actúa de forma más silenciosa.

Esa tarde, en la Casa, los dispositivos descansaban.

 

—Hoy aprendí algo mamá —dijo Chispi—. Si intento hacerlo todo… no hago nada.

 

—Y cuidar la atención —añadió Eduvaldo— también es cuidarnos.

 

Nubeli sonrió.

 

—Elegir también es una forma de protegerse —dijo Nubeli.

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Preguntas para niños:

¿Te pasa a veces que empiezas muchas tareas a la vez y te cuesta terminar alguna?

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Preguntas para padres:

¿Observas que tu hijo o hija cambia de tarea constantemente cuando usa pantallas, incluso para estudiar?

¿Cómo acompañas a tu hijo cuando se siente presionado por hacerlo todo rápido o por no quedarse atrás?

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