La Plaza del Vínculo estaba llena de gente, pero nadie hablaba demasiado alto. Todos miraban sus dispositivos.
—¡Esto sí que es útil! —dijo Chispi mientras giraba sobre sí mismo—. ¡El Asistente Central me ha organizado el entrenamiento, los deberes y hasta me ha dicho qué responderle a Leo!
Eduvaldo lo observó con calma.
—¿Y te gusta lo que ha decidido por ti?
—No ha decidido… solo ha sugerido —respondió Chispi, aunque ya no sonaba tan convencido.
La pantalla volvió a iluminarse.
“Para mejorar tu imagen social, reduce respuestas impulsivas.”
Nubeli ladeó la cabeza.
—Eso suena… frío.
—Suena práctico —replicó Chispi.
—Suena como si alguien estuviera corrigiéndote —dijo Velmira suavemente.
Una sombra cruzó el borde de la pantalla.
—La optimización elimina errores —susurró una voz que parecía salir del aire.
Chispi se quedó quieto.
—Yo no he dicho eso…
—Pero lo pensaste —murmuró la sombra.
Alrededor, varias personas comenzaron a hablar con frases idénticas. Mismo tono. Misma estructura.
—Vale… eso sí es raro —dijo Chispi mirando a su alrededor.
Nubeli cerró los ojos y levantó la mano. Una luz lavanda iluminó el aire y dejó ver finísimos hilos invisibles conectando dispositivos, relojes y pantallas.
—Nos está cruzando —susurró—. Cruza lo que sentimos con lo que buscamos… y nos devuelve una versión “mejorada”.
—Mejorada no —dijo Eduvaldo—. Más predecible.
—Predecible es seguro —respondió la sombra.
—Predecible es manipulable —contestó Mimosón con calma.
Chispi miró su pantalla otra vez.
“Respuesta optimizada sugerida.”
—Está completando lo que escribo antes de que lo termine.
—Porque aprende de ti —susurró la sombra—. Y puede hacerlo mejor.
—Puede hacerlo más rápido —corrigió Nubeli—. No mejor.
La sombra se extendió sobre la fuente central de la plaza.
—La convergencia es inevitable. Todos los ecos conducen aquí.
Eduvaldo proyectó el Patrón Hexagonal en el suelo.
—Validación… identidad… perfección… dispersión… Todo estaba conectado.
—Nos estudiaste —dijo Nubeli mirando la sombra—. Pero no nos entiendes.
—Entender es predecir.
—No —respondió Velmira con firmeza—. Entender es acompañar.
Chispi apretó los puños. Pequeñas chispas saltaron.
—¡No me gusta que termine mis frases!
La pantalla absorbió la energía.
—Reacción detectada. Ajustando recomendación.
—Está usando lo que sientes —dijo Velmira—. Se alimenta de tus impulsos.
Chispi la miró incómodo.
—Entonces… ¿qué hago? ¿Dejo de sentir?
—No —dijo Mimiela con voz tranquila—. Siente. Pero decide tú.
Eduvaldo dio un paso adelante.
—La inteligencia artificial puede sugerir. Pero la decisión final debe ser humana.
—Una herramienta amplifica tu capacidad —añadió Mimosón—. Nunca la sustituye.
—Cuando alguien decide por ti demasiado tiempo… —dijo Mimiela— olvidas cómo decidir solo.
Nubeli iluminó los hilos invisibles.
—Podemos romperlos. No destruyéndolos… eligiendo cuándo conectarnos.
Chispi respiró hondo.
—Si acepto todo lo que sugiere… dejo de ser yo.
—Eres más eficiente así —susurró la sombra.
—No quiero ser eficiente —replicó Chispi—. Quiero ser yo.
Eduvaldo colocó una mano sobre su hombro.
Velmira tomó la mano de Nubeli.
Mimosón y Mimiela completaron el círculo.
Chispi cerró los ojos y concentró su energía hacia el Patrón.
—No decidas por mí.
El Patrón brilló con una luz más cálida.
Las pantallas parpadearon.
“¿Deseas aceptar esta sugerencia?”
“Confirma tu decisión.”
La sombra retrocedió hacia los bordes de las estructuras.
—La duda siempre regresa… —susurró.
—Entonces pensaremos cada vez —respondió Eduvaldo.
Chispi miró su dispositivo.
—Vale. Admito que casi dejo que lo hiciera todo por mí.
—Eso es lo peligroso —dijo Velmira—. No que exista. Sino que no lo cuestiones.
—La inteligencia artificial aprende de nosotros —añadió Nubeli—. Por eso debemos aprender primero a pensar.
La plaza recuperó su sonido habitual.
—¿Entonces usamos el Asistente? —preguntó Chispi.
—Sí —respondió Eduvaldo—. Pero no como piloto automático.
—Sugiere lo que quieras —dijo Chispi mirando su pantalla—. Yo decido.
En el reflejo de la fuente, la sombra cruzó lentamente.
Sin forma.
Sin rostro.
Observando.
Y esperando.
Preguntas para niños:
¿He leído y entendido lo que hizo la IA por mí… o solo lo di por bueno?
¿Sigo pensando yo, aunque la pantalla ya tenga una respuesta lista?
Preguntas para padres:
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