La Habitación de los Aplausos

Por fin había llegado el gran día !!!

 

El sol entraba con timidez por las ventanas del laboratorio “El Cubo”, en la Escuela Horizonte Digital.

Todo brillaba con una luz suave, filtrada por paneles inteligentes que ajustaban su intensidad.

 

Nubeli, como cada viernes, se acomodaba junto a la gran pantalla circular, su rincón favorito.

Entre dibujos flotantes y textos animados, preparaba una nueva presentación para la clase de Creatividad Virtual.

Velmira, su madre, la había dejado esa mañana con un beso en la frente y una advertencia tierna:

-“Recuerda, mi amor, que lo importante no es lo que digan los demás… sino cómo te sientes tú con lo que haces.”

Pero Nubeli no podía evitar sentir un cosquilleo en la barriga. Hoy mostraría su proyecto a toda la clase… y esperaba muchas, muchísimas estrellas digitales.

 

Cuando encendió su holo-presentador, una vibración suave recorrió el aula.

 

En la pantalla apareció su historia animada: “La Isla de Luz”, con criaturas flotantes hechas de nubes.

Rápidamente sus compañeros se acercaron, y poco después comenzaron a llegar las reacciones: 

Estrellas !! … Corazones !! … Destellos !!! … Una lluvia de aprobación virtual.

 

-“¡Es precioso, Nubeli!” —dijo una niña mientras deslizaba una estrella dorada hacia su interfaz.

Cada estrella nueva, encendía una sonrisa en su rostro.

 

Pero entonces, en una esquina de la pantalla, apareció un nuevo ícono parpadeante:

“Activar Contador de Aplausos”.

 

 

Sin pensarlo, Nubeli lo tocó.

 

Al instante, los aplausos se multiplicaron. Y con ellos… su ansiedad.

 

Ahora podía ver cuántas estrellas tenía… y cuántas no.

 

Un reflejo extraño cruzó la pantalla. Algo como… ¿una sombra?, o tal vez solo era su imaginación? … ¿O no?

 

Durante toda la mañana, Nubeli volvió varias veces a revisar su contador.

 

Su sonrisa se fue apagando poco a poco.

Una compañera tenía 213 estrellas. Ella, solo 147.

-“Tal vez no fue tan bueno” ,susurró Nubeli con una cara triste.

 

Los reflejos en las pantallas empezaron a distorsionarse.

Las estrellas parecían duplicarse, estallar, deformarse.

Y en uno de los monitores, su propio reflejo apareció con una sonrisa exagerada… y ojos vacíos.

 

Nubeli dio un paso atrás asustada.

 

Al mismo tiempo, Velmira, que pasaba cerca para dar una charla sobre educación emocional, sintió algo.

Entró al aula y la vio sentada sola, frente a la pantalla.

-“¿Todo bien, pequeña Nube?”, preguntó, acariciándole el cabello con suavidad.

-“Yo… pensé que gustaba… pero no tengo tantas estrellas como otros”, respondió con voz bajita Nubeli.

-“¿Y tú qué sentiste al crearlo?”

-“Alegría… y libertad.”

-“Entonces eso ya vale más que mil estrellas “, dijo Velmira con una sonrisa.

 

Pero los ojos de Nubeli se quedaron fijos mirando una esquina del monitor, donde un reflejo oscuro imitaba sus gestos.

Esa tarde, en Casa Fuente de Luz, Nubeli buscó a Mimiela, su abuela.

La encontró sentada en su sillón bordado, le ofreció un bizcocho de lavanda y comenzó un cuento:

-“Había una niña que pintaba soles. Pero cada vez que los mostraba, los soles se apagaban un poco, esperando la aprobación de los demás. Hasta que un día, pintó uno solo para sí misma… y ese iluminó todo el cielo.”

-“¿Y qué pasó con la niña? —preguntó Nubeli intrigada.

-“Aprendió que no todos los soles brillan igual… pero todos son importantes si salen del corazón”, dijo Mimiela con una sonrisa.

 

 

Inspirada por la historia que le había explicado su abuela, Nubeli apagó el contador.

 

 

Más tarde, con ayuda de Eduvaldo, su querido padre, configuró su perfil para ocultar las reacciones.

 

 

Al día siguiente, al mostrar una nueva creación en la escuela, y sin posibilidad de recibir estrellas por la nueva configuración, algo curioso ocurrió:

Recibió más sonrisas reales que nunca.

 

 

Mientras, en su pantalla, Sombrax se escondido entre los reflejos, y soltó un siseo frustrado.

Las pantallas volvían a mostrar imágenes nítidas y Sombrax se desvanecía como humo y un símbolo hexagonal apareció brevemente en el borde de la pantalla justo cuando se apagaba.

 

 

-“No necesito estrellas… necesito verdad”, dijo Nubeli, mientras su cabello flotaba con una brisa que no venía de ningún lado.

Esa noche, en casa, Nubeli y Velmira estaban mirando el cielo estrellado desde la ventana.

 

-“¿Sabes?”, dijo Nubeli. –“Las estrellas del cielo no compiten entre ellas, solo brillan”

 

Velmira sonrió y le respondió con un abrazo.

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